Su salud integral es ahora la prioridad del hombre del siglo XXI

En estos tiempos modernos, se valen las debilidades y la vulnerabilidad para liberarse de la carga que la sociedad le impuso.

Durante casi veinte siglos, aquello de que “el masculino (el hombre) es el sexo fuerte” fue una verdad sentada sobre piedra. Discutirla o ponerla en entredicho podía llevarte a quedar en una situación incómoda porque la sociedad, en pleno, concebía y acataba esa premisa. Sin embargo, dado que “no hay mal que dure cien años”, esta realidad se ha revaluado, ha adquirido matices.

Hoy, sabemos con certeza que el hombre, en su condición de ser humano, también es débil y vulnerable. Como la mujer. “Ah, siempre fue así”, podrás pensar, pero la verdad es que no. No siempre fue así: de hecho, cuando un hombre dejaba ver su faceta débil y vulnerable era juzgado, criticado, estigmatizado, discriminado. La sociedad lo veía con recelo, como un bicho raro.

Durante siglos, además, se establecieron oficios o profesiones como masculinas y femeninas. Así, por ejemplo, aquello de cocinar era para las damas, lo mismo que socorrer a los enfermos. De la misma manera, algunos roles relacionados con la fuerza física estaban vetados para las mujeres, como conducir vehículos pesados, trabajar en construcciones o competir en carreras de autos.

¿Recuerdas aquella época en la que en los aviones solo había mujeres azafatas? Hoy es un rol mixto. ¿Recuerdas cuando en el área de la salud solo había enfermeras? Hoy es un rol mixto. ¿Recuerdas cuando la cocina se consideraba un reducto exclusivamente femenino? Hoy hay una cantidad de cocineros y chefs hombres que enterraron aquella creencia tan arraigada.

En el hogar, de hecho, había roles masculinos y femeninos claramente definidos. La mujer, en la cocina, en las labores de aseo y la limpieza y del cuidado de los niños, incluida la labor de ayudarlos en las tareas escolares. Hoy, la mayoría, prácticamente todas, son compartidas por hombre y mujer, sin distingo. Y no solo eso: se juzga mal al hombre que se niega a hacerlas.

El mensaje de esos cambios, que por supuesto han incorporado un componente traumático, es que no somos hombres y mujeres (o, peor, hombres contra mujeres), sino seres humanos. Y los hombres, como miembros de esa especie, estamos expuestos al dolor (en cualquiera de sus múltiples manifestaciones), a las enfermedades, a males como la depresión o la ansiedad.

En realidad, lo que había detrás de esa creencia era un machismo con profunda raíces, un comportamiento transmitido de generación en generación que, valga decirlo, todavía no fue erradicado. El hombre como sinónimo de ‘macho’, prototipo de fuerza, de valentía, de resistencia y de fortaleza, características que sin duda lo distingue, pero que, por supuesto, no son las únicas.

Como se mencionó antes, el hombre también tiene una faceta débil y vulnerable que durante siglos no fue reconocida, no le fue permitida. Una faceta que, visibilizada, lo hace más humano. Una faceta que, además, desde 1992 adquirió una connotación especial con la celebración del Día del Hombre. ¿Sabías de su existencia? Fue idea del profesor Thomas Oaster, de la Universidad de Missouri-Kansas.

Él, director del Centro de Estudios Masculinos de aquella institución, promovió la jornada para abordar temas como la salud, resaltar el papel positivo y las contribuciones que realizan los hombres en su comunidad y en la sociedad, promover la igualdad de género, así como la paz, la no violencia, la equidad, la tolerancia y el entendimiento. No es una celebración cualquiera, entonces.

Debido a su origen ligado a la salud y al bienestar del hombre, el Día del Hombre es una iniciativa apoyada por el Programa Mujeres y Cultura de Paz de la Unesco, por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y por la Organización Mundial de la Salud (OMS). La conmemoración trascendió en 1999, por iniciativa del Comité Internacional de Hombre, reunido en Trinidad y Tobago.

Seis objetivos del día del hombre

1.- Promover modelos masculinos positivos: hombres cotidianos con vidas decentes y honestas que realizan todo tipo de tareas y desempeñan distintos roles

2.- Celebrar las contribuciones positivas de los hombres a la sociedad, comunidad, familia, matrimonio, cuidado de niños y el medio ambiente

3.- Centrarse en la salud y el bienestar social, emocional, físico y espiritual de los hombres, que no son inmunes a estos males y, muchas veces, los padecen en silencio

4.- Poner de relieve la discriminación contra los hombres en las áreas de servicio social, en las actitudes y expectativas sociales y en la legislación

5.- Mejorar las relaciones de género y promover la igualdad en todos los ámbitos de la vida, así como promover la libre expresión de la personalidad

6.- Crear un mundo más seguro y mejor, uno en el que los hombres puedan sentirse seguros y crecer para alcanzar su pleno potencial, sin discriminación

Según información de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), las cinco principales causas de muerte en los hombres son las enfermedades infecciosas, los asaltos, los accidentes de tránsito, los suicidios y las enfermedades cardiovasculares. Así mismo, otras problemáticas que enfrentan los hombres son la diabetes, la obesidad, el sedentarismo, enfermedades mentales y cáncer de próstata.

Por estas causas, asegura la OMS, los hombres de las Américas viven entre 5 y 7 años menos que las mujeres. Esto se atribuye a una relación entre el género, la cultura, los derechos humanos y otros determinantes de la salud. Ha aumentado el uso del tabaco, el alcoholismo y otras adicciones que derivan en enfermedades no transmisibles a partir de construcciones sociales sobre la masculinidad y feminidad.

Tradicionalmente, al hombre la sociedad le impuso una pesada carga que, en el mundo actual, es imposible de sobrellevar. Más que por el aspecto físico, por el mental, por las responsabilidades y las obligaciones como dador, como proveedor principal de la familia, como sostén económico. Y, de manera especial, como una persona a la que no se le permite fallar, no se le aceptan debilidades.

Aquella vieja concepción del hombre al que no se le permitía manifestar abierta y libremente sus sentimientos o sus miedos, está mandada a recoger. Poco a poco, el hombre moderno, el del siglo XXI, ha entendido que tiene que liberarse de las cadenas que le impusieron siglos atrás, dejar en el pasado esa carga emocional que le impedía mostrarse tal y como es, sin tapujos, sin limitaciones.

Y, además, ha entendido que su vida no se restringe a la figura de padre, de cabeza de familia, de dador, de proveedor. Merece y necesita ser feliz, darse tiempo para sí mismo, para disfrutar de sus pasatiempos, de sus pasiones. Merece y necesita aprender y desarrollar nuevas habilidades que le permitan no solo ser más competitivo en el ámbito laboral, sino un ser humano mejor preparado.

Así mismo, el hombre ha comprendido que tiene que velar por sí mismo, sin que eso signifique que deje de prestarles atención a quienes están a su alrededor. Velar, en especial, por su salud física, la mental y la emocional, que tradicionalmente estuvieron sometidas a una sobrecarga injusta. No puede seguir comportándose como si fuera un superhéroe indestructible. Es un error costoso.

Uno de los objetivos del Día del Hombre es aquel de concientizar sobre los estereotipos nocivos que pesan sobre el hombre. Concientizarlo a él y a los demás, incluidas las mujeres que suelen establecer fuertes vínculos de dependencias con los hombres de su entorno y les imponen una carga difícil de llevar. Por eso, la consigna de 2023 para este día es “Suicidio masculino cero”.

El hombre debe tomar conciencia de que la mejor estrategia para cuidar su salud es la prevención. La prioridad hoy es el mejoramiento de su calidad de vida, de manera integral, sin dejar de desempeñar los roles que la sociedad le ha reservado. Antes, en el pasado, su responsabilidad era cuidar de los otros; hoy, su prioridad es cuidar de él para, luego, poder cuidar de los otros.

En 2019, según cifras de la OPS, solo en las Américas se suicidaron 97.000 personas. De ellas, el 79 %, es decir, unas 76.630, son hombres. Las causas son múltiples y, por supuesto, varían de acuerdo con el país, pero también hay algunos transversales. ¿Por ejemplo? Factores socioeconómicos, como desempleo o pobreza; problemas de salud mental no tratados, como la depresión.

Además, entre los detonantes del suicidio se cuenta la falta de acceso a atención médica, un mal endémico en la región, un problema que los gobiernos no han atinado a solucionar. Así mismo, experiencias traumáticas, como abuso, acoso escolar y la muerte de un ser querido; falta de apoyo social o aislamiento, conflictos familiares, uso de sustancias y acceso a objetos o medios letales. El mundo cambió y el ser humano, el hombre, debe hacerlo. Necesita cambiar esos hábitos que desde siempre estuvieron ligados a la figura poderosa y fuerte, y adquirir otros que estén en concordancia con los roles que desempeña en el siglo XXI. Alimentarse mejor, practicar ejercicio con frecuencia, descansar bien y conectarse con la naturaleza son algunas de las premisas.

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